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sábado, 11 de junio de 2011

V. FACTORES QUE INFLUYEN EN EL DESARROLLO ECONÓMICO DE UN PAÍS (PARTE 2)

Medidas extraordinarias contra la crisis V
 
Nuestro país está al borde del colapso económico. La falta de trabajo, y el consiguiente incremento de la pobreza nos van a llevar a una situación insostenible. Pero esto se puede evitar si se actúa con medidas extraordinarias

Continuando con el post anterior, se sigue enumerando algunos de los aspectos generales más importantes que influyen en el progreso económico de un país. Se recuerda que se trata de una exposición que no refleja todos los aspectos, aunque sí los más importantes.

En el anterior post se  habló de los transportes y del idioma. En este se hablará de la división política y territorial, y del clima. Sí, sí, también del clima.

Desde mi punto de vista, quedaría pendiente hablar del factor energía, pero por el momento prefiero enlazar a otro blog, que creo que es de los mejores que abordan este tema: El rincón de Fernández Ordoñez.

Una cosa me parece importante dejar clara. Ni creo en los tópicos de que los españoles tenemos una sangre diferente a los centroeuropeos, ni nada por el estilo. ¡Fuera los tópicos de sangre caliente, cultura mediterránea, país de siesta, fiesta, etc! ¡Fuera el complejo del españolito! Somos lo que somos, y nuestra economía va como va por una serie de circunstancias que se remontan a los tiempos oscuros del inicio de la Edad media. Todo lo que ha pasado desde la invasión musulmana hasta ahora nos ha marcado en nuestro modo de comportarnos y ser.

No hemos sido un país afortunado en dirigentes, ni librepensador, ni de libertades, y eso lo pagamos ahora. Más bien hemos sido un país de gentes sometidas, esclavas, sin futuro.

No se me entienda mal. Naturalmente que los españoles somos los responsables de nuestra situación actual. Lo que pretendo indicar es que podemos ser tan trabajadores, innovadores, productivos, tan orgullosos de nuestro país, como el que más. Tenemos que conocer nuestra historia, pero por razones culturales y para aprender de los errores; pero para mirar al futuro, hay que olvidarse de ella. Tener siempre presente nuestro pasado, nos impedirá mirar al futuro con serenidad y claridad. Tenemos que creernos que esto se puede cambiar, porque la realidad es que sabemos que podemos hacerlo.

Tengo la tentación de introducirme lo antes posible en el objeto de esta serie de “Medidas extraordinarias contra la crisis”, aunque ciertamente, después de comentar las debilidades de nuestro país, se debería de abordar los puntos fuertes que poseemos, para finalmente elaborar unas líneas de actuación.

Pero, dadas las circunstancias actuales, y el tremendo batacazo al que estamos destinados a darnos, va siendo hora de empezar a hablar de esas medidas extraordinarias, aunque, lo reconozco, también podrían llamarse medidas excepcioanles, radicales, o medidas desesperadas.


La división política y territorial.

En este caso, es un factor a tener en cuenta, tanto en el transporte de mercancías a grandes distancias, como a pequeñas distancias.

En el transporte a grandes distancias, otra vez un caso similar a los puntos anteriores, un comercio de mercancías entre países en el que las mercancías sufren aranceles al traspasar fronteras, sometidas a inspecciones, comprobación de la adecuación a la normativa vigente en el lugar de destino, etc., todo esto es evidente que repercute negativamente en el precio final de las mercancías, y en los tiempos empleados. Además, cuanto más inspecciones sean necesario realizar a un producto, más necesario se hace una burocracia para ello.

Los inventores de la Unión Europea sabían el inconveniente que tenían si querían ser punteros en el comercio internacional. Por tanto, la supresión de las fronteras era una medida básica para hacer los productos más competitivos.

A nivel interno de un país, también puede ser un inconveniente para el desarrollo económico el tipo de política interior que realice. No es los mismo una política centralista alrededor de un centro de poder, o, una política regional, o como en el caso de la España de las autonomías.

Esto no quiere decir que descentralizar un Estado sea necesariamente malo para la economía, o para las personas de un mismo país. Pero, sobre todo en el caso de su influencia en la economía, hay que comprender que sí puede influir.

Por ejemplo, a la hora de planificar las obras públicas que más conviene a un país, cuando estas se conceden en función de las reivindicaciones políticas de cada territorio, influenciadas además por afinidades políticas, en lugar de conceder las obras en función de lo que más convenga atendiendo exclusivamente a criterios económicos.

Con las carreteras, la alta velocidad ferroviaria, aeropuertos, puertos españoles, se da esta circunstancia. La realidad es esta, no la hemos inventado ahora.

Las comunidades autónomas compiten entre ellas para tener el mejor puerto subvencionado, quitándose recursos las unas a las otras. Se compiten por los recursos destinados a los puertos, para ampliar el puerto, y quitarle mercancías al vecino de al lado. Mientras tanto, los países del norte de África invierten ingentes cantidades de dinero en ampliar y modernizar determinados puertos clave, para quitar cuota a los españoles. Y de seguro que lo conseguirán. Sólo necesitan estabilidad.

Se lucha por ver a quién llega primero el AVE, sin importar que lo principal es disponer de corredores con Europa.

En cuanto a las carreteras, afortunadamente se ha pasado momentos más complicados en la planificación de las obras, aunque aún hay vías que se han quedado obsoletas, y requieren rutas alternativas, de mayor capacidad para el transporte más eficiente de mercancías, y, por supuesto, en condiciones de mayor seguridad.

Los aeropuertos ahí están. Queremos un aeropuerto a las puertas de casa, sin importar su rentabilidad, cuando hubiera sido más fácil planificar trenes lanzadera a los aeropuertos existentes.

El factor clima.

Si bien es un factor de importancia relativa, conviene indicarlo. Cuando en España se habla de un clima templado, conviene matizar un poco. No es buscar una escusa, pero conviene destacar que trabajar en determinadas condiciones extremas repercute en la productividad.

Tanto si hablamos de temperaturas altas, condiciones de humedad elevadas, o temperaturas muy bajas, es evidente que nuestro organismo se resiente, y no puede rendir en una actividad al 100%.

En los países nórdicos, es claro que trabajar a la intemperie en condiciones bajo cero es complicado, y se comprende que algunos trabajos no puedan realizarse. No obstante, el frio se puede combatir con ropa especial, y para que engañarnos, una persona bien abrigada que trabaje a la intemperie tiene muchas utilidades para combatir el frío. En interiores, es clara la importancia de la calefacción. Pero casi igual de importante es poder mantener el calor interior, y no dejar pasar el frío.

En el lado opuesto están aquellos lugares en los que se alcanzan temperaturas muy altas. Obviando lugares de la tierra totalmente inhóspitos, las temperaturas que se alcanzan al sur del continente europeo, o en otras zonas de las consideradas “templadas”, resultan realmente altas. Trabajar dos, tres meses seguidos al año, a la intemperie puede resultar realmente agónico. Temperaturas diurnas entre 35 y 45 grados a la sombra son muy difíciles de combatir trabajando. No se ha inventado nada que pueda combatirlas, salvo los métodos tradicionales de evitar las horas de radicación, protegerse con cremas, gorras, e ingerir muchos líquidos.

Los interiores suelen estar dotados de aire acondicionado, aunque lamentablemente, la cultura de la construcción en el sur de Europa, y España es un claro ejemplo, facilita unas pérdidas térmicas considerables: fachadas, puertas y ventanas fallan. Se han estado realizando, y de hecho, se siguen realizando sin valorar la importancia de un buen aislamiento.

Todo esto ha originado que históricamente, y curiosamente, es estos lugares de interior se pase frio en invierno, y calor en verano, a pesar de las instalaciones.

En definitiva, se menciona este factor del clima ya que es conocido el efecto que puede tener en el trabajo, y en la sociedad actual en la que se exige alta productividad para poder ser competitivos, trabajar en condiciones extremas de calor o frio la disminuye. Y no es una tontería. Una persona que tiene frio trabajando, o que esta constantemente sudando, por ejemplo en una oficina, crea un malestar físico y psicológico que hace descender su rendimiento.

A todo esto, conviene mencionar, aunque sea de pasada, que en estos lugares, y vuelvo a poner de ejemplo el sur de España, las personas no saben abrigarse en invierno. Es una tontería, pero a pesar de no sufrir muy bajas temperaturas, gracias a una humedad ambiental relativamente alta proveniente del mediterráneo, consigue traspasar la ropa, y mantener el cuerpo constantemente entumecido. Es muy habitual en estos lugares, en días de intenso frío, ver a personas que llevan puesto unos pantalones que también se ponen con 40 grados centígrados, los mismos zapatos que en verano, sin guantes, sin bufanda, naturalmente sin gorro, una ligera camisa, un ligero jersey, y un abrigo no muy pesado. Así, ¿Cómo es posible no pasar frio?

Puede resultar pesado, pero hay que indicarlo una vez más: muchas personas que viven en lugares situados en zonas templadas del planeta pasan más frio trabajando que personas trabajando en zonas más frías. Absurdo, ¿pues sí? ¿Cultura mediterránea? No. Simplemente en hombre se adapta al entorno. Para temperaturas de frío extremo, no tiene más remedio. En temperaturas menos frías se aguanta como sea, que ya pasará.

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